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El grabado de Rosmäßler puede leerse como una alegoría de la razón frente a la superstición, pero su significado alcanza todavía más lejos: es también una imagen de la lucha histórica por impedir que la Verdad sea ocultada, deformada o destruida.

Minerva no crea la Verdad. La Verdad ya existe detrás del velo.

Lo que hace Minerva es descubrirla.

Ese detalle transforma por completo la escena: el problema no es la inexistencia de la Verdad, sino aquello que se interpone entre ella y quienes intentan conocerla.

A lo largo de la historia, ese velo ha tenido muchos nombres: superstición, miedo, dogma, censura, propaganda, mentira y destrucción deliberada de la memoria.

Los seres humanos han quemado libros, destruido bibliotecas, eliminado archivos, perseguido escritores y prohibido ideas precisamente porque comprendieron que controlar el conocimiento es también una forma de controlar la realidad que una sociedad puede recordar.

Desde la destrucción de bibliotecas y manuscritos antiguos hasta las grandes quemas de libros de épocas posteriores, la historia muestra una constante: cuando una idea resulta peligrosa para un poder, una religión, un régimen o una doctrina, una de las primeras tentaciones es impedir que pueda ser leída.

Por eso el velo que cubre el busto de la Verdad puede entenderse también como el intento humano de ocultar lo ocurrido.

Pero en el grabado sucede algo decisivo.

Aunque la Verdad todavía está cubierta, su luz atraviesa la tela.

Esa luz puede representar aquello que sobrevive a la censura: un manuscrito escondido, una copia conservada, un testimonio, una inscripción, un libro rescatado, una memoria transmitida de una generación a otra.

La Verdad puede ser enterrada.

Puede ser prohibida.

Puede ser perseguida.

Puede incluso ser destruida parcialmente.

Pero la imagen propone que siempre existe la posibilidad de volver a encontrarla.

Minerva representa precisamente ese esfuerzo: investigar, comparar, conservar, dudar, leer y retirar capa por capa aquello que ha sido colocado encima de los hechos.

Por eso el grabado no habla solamente de superstición.

Habla también de una batalla mucho más antigua y todavía vigente:

la lucha entre quienes intentan descubrir la Verdad y quienes necesitan mantenerla cubierta.

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