


Entre el 18 de diciembre de 2025 y el 10 de mayo de 2026, el saldo del RNPDNO aumentó apenas 395 personas; sin embargo, Amnistía Internacional afirma que en México desaparecen 90 personas diariamente. La aparente contradicción abre una pregunta mucho más profunda: ¿qué está midiendo realmente el Registro Nacional?
Por Cuauhtémoc Villegas Durán
Algo extraño ocurre cuando se colocan, una al lado de la otra, dos fotografías oficiales de la crisis de desapariciones en México.
El 18 de diciembre de 2025, el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) contabilizaba 133 mil 520 personas que permanecían desaparecidas o no localizadas.
Ciento cuarenta y tres días después, el 10 de mayo de 2026, la cifra era de 133 mil 915.
La diferencia es de apenas:
395 personas.
Divididas entre los 143 días transcurridos entre ambas fechas, equivaldrían a un crecimiento neto de 2.76 desaparecidos por día.
Pero México no tuvo tres desapariciones diarias durante esos meses. Según Amnistía Internacional, a diario, desaparecen 90 personas en México.
Ni remotamente.
El propio discurso de organismos de derechos humanos, los registros estatales, las fichas de búsqueda que diariamente aparecen en fiscalías y comisiones y, sobre todo, los propios datos desagregados del RNPDNO muestran una realidad completamente distinta.
Amnistía Internacional México afirmó el 10 de mayo de 2026 que en México desaparecen 90 personas cada día. Ese mismo organismo situaba el número de personas que permanecían desaparecidas hasta abril en 133 mil 503.
¿Cómo pueden desaparecer decenas de personas todos los días mientras el gran contador nacional aumenta sólo 395 en casi cinco meses?
La respuesta comienza con una distinción fundamental que suele perderse en los discursos políticos, en los medios e incluso en algunos documentos oficiales:
el total histórico de desaparecidos que permanecen sin localizar no es lo mismo que el número de nuevas desapariciones.
Y confundir ambos datos puede producir una imagen profundamente engañosa de la magnitud de la crisis.
El número que sube, baja y vuelve a subir
La primera señal de alarma aparece cuando no nos limitamos a comparar diciembre con mayo.
El 18 de diciembre de 2025 había 133,520 personas desaparecidas o no localizadas.
Sin embargo, el 27 de marzo de 2026, durante la conferencia presidencial, Marcela Figueroa, titular del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, informó que el universo nacional era de 132,534 desaparecidos y no localizados.
Es decir:
18 de diciembre de 2025: 133,520
27 de marzo de 2026: 132,534
Diferencia: −986
En poco más de tres meses, el padrón no había aumentado.
Había disminuido en casi mil personas.
Y después volvió a crecer.
Para el 10 de mayo llegó a 133,915.
Eso significa que entre el 27 de marzo y el 10 de mayo —en apenas unas seis semanas— el saldo aumentó en aproximadamente 1,381 personas.
Por eso los 395 no describen cuántas personas desaparecieron.
Describen únicamente la diferencia entre dos saldos.
Es como pretender conocer cuántas personas ingresaron a un hospital comparando solamente cuántas camas estaban ocupadas en diciembre y cuántas en mayo, sin contabilizar a quienes ingresaron, fueron dados de alta, murieron o fueron trasladados durante esos meses.
El dato que desmonta la interpretación de los 395
Hay otra comparación mucho más significativa.
El 10 de mayo de 2025, Amnistía Internacional informó que México acumulaba 128,332 personas desaparecidas y no localizadas.
Un año después, el 10 de mayo de 2026, la cifra oficial utilizada en documentos públicos era de 133,915.
La diferencia interanual es de:
5,583 personas más que permanecían desaparecidas.
Esto representa un aumento neto aproximado de 15 personas cada día, aun después de descontar las localizaciones y demás movimientos del registro.
Así que la aparente estabilidad entre diciembre y mayo depende enormemente de las fechas elegidas para hacer la comparación.
El fenómeno no desapareció.
Lo que cambió fue el saldo.
En 2025 entraron al sistema decenas de miles de casos
El propio corte del RNPDNO del 18 de diciembre permite observar cómo funciona este mecanismo.
Entre el 1 de enero y el 18 de diciembre de 2025 se habían incorporado 33,595 registros de personas desaparecidas, no localizadas o posteriormente localizadas.
De ellas:
13,814 continuaban desaparecidas o no localizadas.
19,781 habían sido localizadas.
Entre las localizadas, 18,403 fueron encontradas con vida y 1,378 sin vida.
Es decir, decenas de miles de personas pueden pasar por el sistema durante un año sin que el saldo acumulado de quienes permanecen desaparecidos aumente en la misma proporción.
Éste es el punto estadístico central.
Una persona es reportada.
Entra al registro.
Puede permanecer desaparecida.
Puede ser localizada una hora, un día, una semana o meses después.
Cuando es localizada, deja de formar parte del universo de quienes permanecen desaparecidos, aunque históricamente conserve un registro dentro del sistema.
Por ello existen dos números diferentes:
el flujo de personas reportadas
y
el stock de personas que continúan sin ser localizadas.
Los 395 pertenecen al segundo.
No al primero.
Puebla demuestra cómo funciona la aritmética
Un ejemplo estatal permite visualizarlo mejor.
Del 1 de enero al 10 de mayo de 2026, Puebla registró 221 personas reportadas como desaparecidas.
En ese mismo periodo fueron localizadas 171: 133 con vida y 38 sin vida.
Si observáramos exclusivamente el saldo, parecería que la crisis poblana aumentó en alrededor de medio centenar de personas.
Pero eso ocultaría el hecho de que 221 familias presentaron reportes de desaparición.
Ambos datos son verdaderos.
Miden cosas distintas.
Y eso mismo sucede a escala nacional.
El inquietante ajuste de marzo
Pero existe un segundo problema, distinto al matemático.
El 27 de marzo de 2026 el Gobierno federal presentó una profunda revisión del Registro Nacional.
El universo histórico reportado entonces era de 394,645 registros, de los cuales 132,534 permanecían como desaparecidos y no localizados y alrededor de 262 mil correspondían a personas localizadas.
Para los registros correspondientes al periodo 2006-2026, el Gobierno clasificó 130,178 casos activos en tres grandes grupos.
46,742 casos —36%— no tenían información suficiente para realizar una búsqueda adecuada.
40,308 —31%— presentaban algún tipo de actividad administrativa posterior a su desaparición.
Y 43,128 —33%— tenían información para realizar la búsqueda pero no presentaban actividad posterior conocida.
Entre las llamadas “actividades” posteriores podían aparecer movimientos como matrimonios, altas ante el SAT o modificaciones relacionadas con registros gubernamentales.
Pero una actividad administrativa no equivale automáticamente a una localización física y comprobada.
El propio Gobierno indicó que estaba en proceso de confirmar y formalizar esas posibles localizaciones.
Este detalle es fundamental.
Porque significa que el RNPDNO no sólo cambia porque alguien aparece vivo o se identifica un cuerpo.
También puede modificarse conforme las autoridades cruzan bases de datos, corrigen registros, reclasifican expedientes o formalizan localizaciones.
Un registro que contiene su propia crisis
La revisión gubernamental reveló además un dato extraordinariamente grave.
De los 43,128 registros con información suficiente para buscar a la persona y sin actividad administrativa posterior, únicamente 3,869 contaban con carpeta de investigación, según el informe presentado en marzo.
Esto no quiere decir que sólo existieran 3,869 desapariciones.
Significa que existe una gigantesca brecha entre aparecer dentro de una base nacional y contar con una investigación formal documentada bajo esa clasificación oficial.
Y revela otro problema:
el registro de desaparecidos es también el registro de las deficiencias del Estado mexicano para saber exactamente a quién está buscando, desde cuándo y mediante qué investigación.
El Gobierno reconoció que decenas de miles de expedientes carecían incluso de información básica suficiente.
Nombre.
Fecha de nacimiento.
Lugar de desaparición.
Contexto.
Fecha de los hechos.
Un registro nacional construido durante años con fiscalías estatales, comisiones de búsqueda y distintas fuentes terminó acumulando niveles muy desiguales de información.
De 30 a 90 desapariciones diarias
Existe además una comparación que difícilmente puede ignorarse.
El 10 de mayo de 2025, Amnistía Internacional sostenía que en México desaparecían alrededor de 30 personas diariamente.
Exactamente un año después, el organismo declaró que eran 90 personas por día.
Es una diferencia gigantesca.
Estas cifras requieren cautela porque pueden responder a metodologías, periodos de corte y conceptos distintos —reportes de desaparición, personas todavía no localizadas o registros incorporados posteriormente—.
Pero justamente por eso resulta insuficiente informar únicamente que México tiene “alrededor de 133 mil desaparecidos”.
Ese gran número nacional es indispensable para dimensionar la tragedia histórica, pero no basta para conocer la velocidad actual de la desaparición de personas.
Para saber si el fenómeno aumenta o disminuye se necesitan, por lo menos, cuatro indicadores:
cuántas personas son reportadas como desaparecidas cada día;
cuántas son localizadas;
cuántas permanecen desaparecidas después de determinado periodo;
y
cuántos registros son modificados o reclasificados administrativamente.
Sin esas cuatro cifras, el saldo puede ocultar el movimiento que ocurre debajo.
395: una cifra verdadera que puede contar una historia falsa
No existe evidencia, a partir de estos números por sí solos, para afirmar que el Gobierno haya “borrado” deliberadamente miles de desaparecidos.
Sería irresponsable concluirlo sin demostrar los movimientos individuales del registro.
Pero tampoco es correcto utilizar la diferencia de 395 como evidencia de que entre diciembre y mayo prácticamente dejaron de desaparecer personas.
La cifra es verdadera.
La interpretación sería falsa.
Entre ambas fechas ocurrieron miles de reportes, miles de localizaciones y movimientos administrativos cuyo resultado final fue que el contador aumentó únicamente 395.
Eso es muy diferente a decir que hubo 395 desapariciones.
De hecho, el comportamiento intermedio del padrón lo demuestra:
133,520 en diciembre.
132,534 en marzo.
133,915 en mayo.
Un registro que baja casi mil personas y después aumenta más de 1,300 en cuestión de semanas no puede interpretarse simplemente restando el primer número al último.
Hay que observar sus entradas y sus salidas.
La desaparición estadística
México lleva años buscando a sus desaparecidos en montes, brechas, fosas clandestinas, hospitales, cárceles, servicios forenses y bases de datos.
Ahora existe otra búsqueda pendiente:
entender qué sucede dentro del propio Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas.
Porque mientras las familias cuentan ausencias, el Estado administra registros.
Y las dos cosas no siempre producen el mismo número.
Entre el 18 de diciembre de 2025 y el 10 de mayo de 2026 el saldo oficial aumentó sólo 395 personas.
Eso es cierto.
Pero durante esos meses no desaparecieron únicamente 395 mexicanos.
El número sólo nos dice que, después de sumar nuevos casos, restar personas localizadas, incorporar reportes tardíos, cruzar bases administrativas y modificar expedientes, el enorme inventario nacional de personas que aún no estaban localizadas terminó 395 lugares por encima de donde había comenzado.
Quizá el dato más importante no sea entonces el 395.
La verdadera pregunta periodística es otra:
¿cuántas personas entraron y cuántas salieron del RNPDNO entre esas dos fechas, caso por caso, y por qué motivo?
Mientras el Gobierno no publique de manera transparente ese flujo —altas, localizaciones, bajas, reclasificaciones y correcciones—, el ciudadano puede conocer el tamaño aproximado de la tragedia, pero no reconstruir completamente su movimiento.
Y en un país donde más de 133 mil familias continúan preguntando dónde está alguien, una diferencia estadística no es un detalle técnico.
Detrás de cada alta hay una persona.
Detrás de cada baja debería existir una explicación.
Y detrás de cada número que desaparece del contador tendría que existir, también, una certeza: que apareció la persona, no solamente que cambió el registro.


