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Familias y colectivos caminaron este domingo hacia el Santuario de los Santos Mártires, donde la Iglesia de Guadalajara pidió por quienes permanecen desaparecidos, por quienes perdieron la vida a causa de la violencia y para que los privados de su libertad “retornen pronto al hogar”.

Por Cuauhtémoc Villegas Durán / Data2

Guadalajara volvió a caminar este domingo con los rostros de quienes faltan.

Familias de personas desaparecidas, colectivos de búsqueda y organizaciones participaron en la jornada conmemorativa por el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, que concluyó con una misa en el Santuario de los Santos Mártires.

La celebración fue convocada por la Iglesia de Guadalajara y encabezada por el cardenal José Francisco Robles Ortega, quien desde días antes había llamado a las familias a participar y había prometido ofrecerles palabras de aliento.

La jornada se realiza por cuarto año consecutivo y fue concebida como un espacio de oración, memoria y acompañamiento para quienes viven desde hace años con la ausencia de un hijo, una hija, un hermano, una madre o un padre.

Pero esta vez la propia liturgia dejó frases especialmente fuertes.

“Los horrores de la violencia”

En la oración preparada oficialmente por la Arquidiócesis de Guadalajara para esta misa se pidió a Dios:

“superar felizmente los horrores de la violencia”

y permanecer firmes en los mandatos del amor y la justicia.

La frase resume buena parte de aquello que las familias vienen denunciando desde hace años.

No se habló solamente de personas ausentes.

La Iglesia mencionó explícitamente la violencia que rodea la desaparición.

Desde el inicio de la celebración, el sacerdote debía recordar que la Eucaristía estaba dedicada a quienes “se encuentran desaparecidos o han perdido la vida a causa de la violencia”, así como a sus familias.

La palabra utilizada es importante.

Han perdido la vida.

Porque detrás de miles de fichas de búsqueda existe también la posibilidad de homicidios, fosas clandestinas, cuerpos sin identificar y restos que todavía esperan regresar a sus familias.

“Que retornen pronto al hogar”

Otra de las oraciones de la misa fue dirigida específicamente a quienes han sido privados de la libertad.

La petición fue para que “retornen pronto al hogar”.

Puede parecer una frase litúrgica.

Para una madre buscadora significa otra cosa.

Es aquello que espera desde el día de la desaparición.

Que vuelva.

Vivo.

Que abra la puerta.

Que aparezca nuevamente en casa.

Por eso las familias acudieron con fotografías, fichas y lonas de sus desaparecidos: la convocatoria pidió expresamente que llevaran sus rostros para que estuvieran presentes durante el encuentro.

La ausencia se convirtió así en presencia.

Sobre fotografías.

Sobre mantas.

Sobre nombres.

Una misa en un estado con miles de desaparecidos

La celebración ocurre además en uno de los territorios más golpeados por la crisis mexicana.

El informe Trazar la ausencia, caminar la esperanza, elaborado por la Universidad Iberoamericana, advierte que mientras el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas contabiliza 12 mil 785 personas desaparecidas en Jalisco, el registro estatal reconoce 16 mil 170.

La diferencia es de 3 mil 385 personas.

De incorporarse íntegramente la cifra estatal al registro nacional, Jalisco pasaría a ocupar el primer lugar del país en desapariciones.

La contradicción estadística adquiere otra dimensión cuando las familias están reunidas físicamente frente a los rostros de quienes buscan.

Porque allí no existen categorías administrativas.

Existe una persona por fotografía.

Buscar entre fosas

La misma investigación de la Ibero documenta que Jalisco concentra al menos mil 157 cuerpos recuperados de fosas clandestinas entre 2006 y 2024.

Solamente en Tlajomulco fueron contabilizados 314.

A ello se suman lugares como Teuchitlán, Lagos de Moreno, El Salto, Zapopan, Tonalá y otros municipios donde colectivos y autoridades han encontrado restos humanos.

En Lagos de Moreno, las madres buscadoras localizaron este año puntos con restos óseos calcinados y en botes de ácido.

En Teuchitlán, el rancho Izaguirre quedó relacionado con procesos de reclutamiento y adiestramiento.

En El Salto se encontraron decenas de bolsas con restos humanos.

Así que cuando la liturgia habla de “los horrores de la violencia”, la expresión encuentra en Jalisco una realidad concreta.

No una metáfora.

La Iglesia también pide fortaleza para las familias

La oración colectiva preparada para este domingo reconoce además algo que durante años ha acompañado a las buscadoras: la necesidad de continuar aun cuando no existe respuesta.

La Iglesia pidió fortaleza para las familias ante lo que llamó una “dolorosa situación” y pidió mantener abierta la esperanza.

Días antes, Robles Ortega había definido la desaparición como una situación “muy trágica, muy dolorosa para toda la sociedad”, particularmente para las familias, y manifestó su cercanía espiritual con ellas.

También hizo un llamado a que esta realidad obligue a la sociedad a tomar conciencia y cuidarse.

No son estadísticas dentro de una iglesia

Durante años las desapariciones se han explicado con números.

Diez mil.

Doce mil.

Dieciséis mil.

Más de 133 mil en todo México.

Pero dentro del Santuario esos números cambiaron de forma.

Tenían nombre.

Tenían fotografía.

Tenían familia.

Una ficha de búsqueda es también una biografía interrumpida.

Por eso probablemente la oración más importante de este domingo no fue la que habló del número de víctimas.

Fue la que pidió que quienes fueron privados de su libertad regresen a casa.

Y la que reconoció directamente aquello que las madres buscadoras conocen demasiado bien:

que México necesita todavía “superar felizmente los horrores de la violencia” y mantenerse firme en el amor y la justicia.

Mientras eso ocurre, las familias seguirán haciendo lo mismo que han hecho durante años.

Caminar.

Mostrar fotografías.

Preguntar.

Excavar.

Buscar.

Y esperar que algún día aquella petición pronunciada dentro del Santuario deje de ser solamente una oración:

que regresen pronto al hogar.

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