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El Papa reza el ángelus el domingo 12 de julio desde el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo. Foto/Daniel Ibañez/ EWTN News

ACI Prensa/Victoria Cardiel.- El Papa León XIV lamentó este domingo que vuelvan a “soplar los vientos de la guerra en Oriente Medio, en Ucrania” y en numerosas otras regiones del mundo, “sembrando violencia, terror y muerte, y golpeando una vez más a tantos inocentes”.

Tras el rezo del Ángelus desde el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, donde está transcurriendo unos días de vacaciones, el Pontífice instó a los responsables políticos a retomar el diálogo y apostar por las vías diplomáticas para frenar la escalada de los conflictos.

“No permitamos que estos vientos apaguen la pequeña llama de la esperanza y de la paz, incluso cuando parezca frágil y vacilante”, afirmó.

Asimismo, reiteró su llamamiento a recorrer “con perseverancia el camino del diálogo, del encuentro y de la diplomacia, único sendero capaz de conducir a una paz justa y duradera, en la que los pueblos puedan vivir reconciliados, con seguridad mutua y en el respeto de la dignidad de toda persona”.

Las palabras del Papa llegan en un momento de creciente tensión internacional, después de que Estados Unidos e Irán hayan vuelto a enzarzarse en una peligrosa espiral de ataques. Washington lanzó nuevos bombardeos contra territorio iraní tras el ataque de la Guardia Revolucionaria a un carguero con bandera chipriota en el estrecho de Ormuz y la posterior declaración del cierre de esta estratégica ruta marítima.

Se trata del tercer enfrentamiento entre ambos países en esa zona en lo que va de semana, un deterioro de la situación que amenaza con hacer naufragar el acuerdo de paz que ambos países se habían comprometido a negociar durante un periodo de 60 días.

El recuerdo a los trabajadores del mar

En este contexto, el Pontífice recordó además que este 12 de julio se celebra el Domingo del Mar, una jornada dedicada de manera especial a quienes trabajan en el ámbito marítimo.

Por ello, dirigió su pensamiento a los marinos, pescadores y trabajadores portuarios de todo el mundo que, “marcados por la lejanía de sus seres queridos y, en ocasiones, por el miedo causado por los conflictos que afectan a las rutas marítimas, sostienen con un trabajo paciente y silencioso el comercio y la vida de numerosos pueblos”.

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