

Ajo Blanco/Cuauhtémoc Villegas Durán/Objetivo7/Data2
En la alta política mexicana, los milagros existen. Hay quienes multiplican los panes, quienes desaparecen presupuestos enteros con la magia de un plumazo y quienes, con una audacia digna de novela negra, logran nacer dos veces.
El caso de Carlos Lozano de la Torre en 2010 debería estudiarse en las facultades de derecho —o en las de actuación—. Imagina que naces en la soleada Bakersfield, California, en 1950. Tienes el sueño de gobernar Aguascalientes, pero hay un pequeño bache en el camino: la Constitución pide, estrictamente, ser mexicano por nacimiento. ¿Qué hace un político de carrera ante semejante minuciosidad técnica? Fácil: fabricarse un pasado.
La historia del “doble registro” de Lozano no fue un simple error de dedo de una secretaria del Registro Civil en los años cincuenta. Fue una carambola de tres bandas que involucró actas cruzadas, nombres que aparecían y desaparecían (¿eres Carlos o eres José Carlos?), y el uso documental de un registro que originalmente pertenecía a un menor fallecido. Sí, una suplantación de identidad de libro, digna de un thriller de espías, ejecutada para limpiar un expediente y simular que el candidato había pisado suelo patrio desde su primer suspiro.
Lo más fascinante de esta comedia de equívocos no fue la audacia de la maniobra, sino el descaro institucional. Cuando el escándalo llegó a los magistrados del Tribunal Electoral federal (TEPJF), la justicia mexicana aplicó su criterio favorito: el “sí, pero no importa”. Dijeron que, como los papás eran mexicanos, el lazo de sangre (jus sanguinis) lavaba cualquier pecado de papel. El fraude documental se archivó, el nombre del menor fallecido se reservó bajo siete llaves de confidencialidad, y el acta hechiza pasó a la historia como el pase de abordar directo al Palacio de Gobierno.
Al final, Lozano gobernó. Pero la mancha en el acta no se borra con el poder. Queda el recuerdo de un sexenio que comenzó con una identidad prestada y la certeza de que, para la élite, las leyes de identidad civil son meras sugerencias. En Aguascalientes, para llegar a la cima, a veces se necesita nacer en California… y revivir en los archivos muertos de un Registro Civil.
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¿Nacer en California pero registrarte con el acta de un niño muerto para ser Gobernador? 📜 Muerto el niño, viva la candidatura. Así fue el milagro documental de Carlos Lozano de la Torre en el 2010: un fraude de identidad que el Tribunal Electoral perdonó con un “usted disculpe”. Lee la columna completa aquí. 👇 #AjoBlanco #Aguascalientes #PolíticaFicción


