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Desplazamiento forzado en el Triángulo Dorado

Los enfrentamientos entre grupos rivales y contra las fuerzas de seguridad, han llevado a que poblaciones enteras de las zonas serranas de Sinaloa y Durango queden desiertas.

Ríodoce.- La región serrana de Sinaloa y Durango se ha convertido en zona de guerra en los últimos meses, luego de una serie de operativos militares para cazar a Aureliano Guzmán Loera el Guano, pero también por los enfrentamientos que sostiene su facción contra pistoleros de Óscar Manuel Gastélum el Músico.

La ofensiva militar tiene como objetivos principales desmantelar la estructura del Guano, pero al mismo tiempo frenar las incursiones de la facción del cártel de Los Salazar, que tiene al menos un año unido a la facción de los Guzmán, y mantiene pugnas contra los pistoleros del Músico.

Ello ha provocado que miles de familias que habitaban en las inmediaciones del Triángulo Dorado, que comprende los límites de Chihuahua, Sinaloa y Durango, hayan migrado a otros municipios, incluyendo Culiacán y Mazatlán, donde tampoco han encontrado paz y ello los ha hecho partir a estados como Sonora y Baja California.

Jesús Guzmán, primo de la familia Guzmán Loera, mencionó que el éxodo comenzó desde el 15 de septiembre pasado, cuando enfrentamientos entre los diferentes cárteles alcanzó su punto más crítico, y los residentes huyeron por temor a ser alcanzados por las balas o el estallido de los drones, o incluso, ante el latente temor de ser obligados a unirse a alguna de las facciones.

“Todos se fueron del rancho. Ya no hay nadie. Primero fueron los pistoleros que llegaron y empezaron a pelear, y el gobierno nunca llegó a proteger a la población, sino que estaban esperando que se mataran entre ellos”, lamentó el señor Guzmán, quien tomó a su familia y terminó migrando primero a Durango, y finalmente a Tijuana, al ver que la  violencia parecía seguirlos como una maldición.

Pueblos mineros con más de 100 años de antigüedad como Arroyo Seco, El Nogalito, La Palma, El Barranco, Rancho Grande, incluso La Tuna, legendario por ser la comisaría donde nació Joaquín el Chapo Guzmán, quedaron abandonados y posteriormente saqueados por criminales, señalaron sus residentes.

Según testimonios recogidos con otros moradores de la región, el mismo tipo de desplazamiento ocurrió en otras comunidades de Badiraguato, incluyendo los poblados de Santa Gertrudis y El Nogalito, que en su momento controló el Chapo Guzmán y, tras su arresto, heredó a su hermano Aureliano Guzmán.

“No podíamos vivir tranquilos porque los enfrentamientos se estaban dando en todas partes, por aire y por tierra, porque estaban dejando caer drones y a veces caían en las casas de familias que no tenían nada que ver con el pleito”, dijo un morador del rancho El Nogalito.

Cifras al alza

Registros de la Secretaría de Bienestar y Desarrollo Sustentable (Sebides) de Sinaloa, indican que el estado tiene un padrón de aproximadamente 3 mil 619 familias que han sido víctimas de desplazamiento forzado, las cuales provienen principalmente de comunidades rurales y municipios serranos como Badiraguato, San Ignacio y la zona rural de Culiacán.

José Carlos González Alarcón, presidente del movimiento de apoyo para familias desplazadas MHR Para mejor Vivir, no comparte los datos de la Sebides, sino que estima que en el estado hay entre 15 mil y 20 mil familias desplazadas.

“Los datos que ellos promueven vienen desde que Quirino Ordaz Coppel era gobernador, y no contemplan municipios como Concordia, Escuinapa, El Rosario, que al igual que Badiraguato, han sufrido grandes desplazamientos de comunidades enteras”, dijo.

Un punto que notó el activista es la ausencia de gobierno en las zonas donde hay enfrentamientos entre grupos criminales, lo cual ha influido para que familias terminen dejando sus hogares.

“No es que no vayan en ningún momento, sino que van porque les dan la orden de que tienen que ir a calmar los enfrentamientos, y van, pero ya que acabó todo, y en dos días, se regresan, y es cuando los enfrentamientos se reanudan”, dijo González Alarcón.

Los desplazamientos se extienden hasta Durango, particularmente el municipio de Tamazula, donde hay una disputa territorial permanente. Por un lado, la facción del Guano tiene años controlando laboratorios clandestinos y rutas de trasiego en localidades, pero el ingreso del ejército del Músico, ha puesto a la población en un estado de sicosis perpetuo.

Óscar Galván Villarreal, secretario de Seguridad Pública de Durango, dijo que han implementado operativos coordinados con la Defensa, Guardia Nacional y Policía Estatal para garantizar la seguridad, sin embargo, reportes periodísticos señalan que los enfrentamientos han continuado.

En recorridos hechos por este semanario en zonas rurales del sur y centro de Sinaloa, así como en zonas cercanas a Culiacán y Tamazula, Durango, se pudo observar a pueblos en completo abandono, como fue el caso de El Durazno, a pocos kilómetros de Tamazula, o en Copala, cerca de Escuinapa, y en El Pozo, cercano a Culiacán.

“Lo mismo te puedo decir de La Tuna; está completamente abandonado. La iglesia del pueblo está hecha pedazos, y así otros ranchos están iguales. Y es lamentable porque el gobierno ha permitido todo esto. Los ha dejado. ¿Y uno qué hace? Sólo lamentarse. Pero dentro de un año van a venir a pedirnos votos. No nos van a encontrar ahí”, dijo Jesús Guzmán.

Las autoridades militares han insistido que las familias ya pueden regresar a sus hogares, pero los pobladores no creen ya en ese mensaje.

“Los soldados sólo fueron (a los pueblos) ya que acabaron los enfrentamientos, y saquearon todo. Cómo esperan que uno les crea, y que confíe en ellos”, dijo el residente del poblado El Nogalito.

Este semanario solicitó una reacción de Sedena y de la Secretaría de Seguridad Pública de Sinaloa sobre saqueos y ausencia de autoridad en zonas conflictivas, pero hasta el cierre de esta edición, no habían respondido.

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