


El nombre de Margolis resurgió en la agenda mediática luego de la liberación de Israel Vallarta y las acusaciones que lo señalan por presunta tortura y amenazas.
Por Antonio Rosales
El pasado 6 de agosto, la periodista Guadalupe Lizárraga publicó una nota en Los Ángeles Press donde reveló, por primera vez, que durante la última semana de julio de este año, autoridades estadounidenses notificaron al empresario judío Eduardo Cuauhtémoc Margolis Sobol —especializado en equipos de seguridad— sobre el retiro de su visa. La medida ocurrió en el contexto del endurecimiento de las políticas migratorias del gobierno de Donald Trump, así como de investigaciones por presuntas operaciones irregulares. Su caso se suma al de otras figuras públicas, empresarios y políticos mexicanos que actualmente están en la mira del Departamento de Estado por posibles actos de corrupción o presunta asociación delictuosa.
Otro ejemplo es el de la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, y su esposo, Carlos Torres. A ambos se les retiró la visa en mayo, hecho que también fue ampliamente documentado por Los Ángeles Press.
Sin embargo, la primicia de Los Ángeles Press sobre el empresario miembro de la comunidad judía de la Ciudad de México, Eduardo Margolis Sobol, fue retomada o copiada casi de manera textual por otros medios mexicanos y canales de Youtube, sin darle crédito alguno a la autora original del texto, ni tampoco a este portal donde se publicó por primera vez la información.
El hecho podría parecer solamente una falta de ética, aislada aunque en conjunto, de diferentes medios, o atribuirse simplemente a la búsqueda de vistas por el interés que ha despertado en las audiencias nuevamente la figura de Margolis, tras la liberación de carácter absolutorio de Israel Vallarta Cisneros, el primero de agosto pasado. De acuerdo con investigaciones periodísticas y según declaraciones del propio Israel Vallarta que constan en el expediente y en el Protocolo de Estambul con resultados en positivo, que le fue practicado por Adrián Ramírez López (fundador de la organización LIMEDDHH) y María Isabel Mazo Duarte, Vallarta habría sido amenazado y torturado por el empresario.

No obstante, más que falta de ética o interés en un tema de actualidad, la apropiación de dicha información muestra un patrón frecuente en publicaciones de la periodista, y se da en el contexto de las amenazas, persecución, hostigamiento, así como el veto, invisibilización, distorsión y censura que ha padecido su trabajo, tanto por parte de los medios públicos del Estado como por los grandes corporativos mediáticos privados y redes de influencers. El principal objetivo de estos ataques, invisibilización, distorsiones y plagios suelen ser las investigaciones de Lizárraga sobre fabricación de culpables en México y particularmente, en los casos relacionados con Felipe Calderón, Genaro García Luna, Eduardo Medina Mora, Isabel Miranda de Wallace y Eduardo Cuauhtémoc Margolis Sobol, a su vez inmiscuidos, directa o indirectamente, en las fabricaciones de los casos Cassez Vallarta, Wallace y George Khoury Layón, entre otros.
Como puede verificarse en una simple búsqueda en las redes o en cualquier buscador de la web, el primer registro de la noticia sobre el retiro de la visa a Eduardo Margolis, fue en las primeras horas del 6 de agosto.
Asimismo la publicación original fue compartida en las redes sociales (Facebook, y X antes Twitter) de la periodista y de este medio. Al menos hasta el cierre de esta nota, en la cuenta personal de Guadalupe Lizárraga en X, obtuvo un impacto de 26.6k vistas, 787 reposts, 1297 “me gusta”, ha sido puesta en Elementos Guardados por 60 usuarios, fue citada 12 veces y ha obtenido 36 comentarios.
En contraste, algunos de los medios que se habrían apropiado del contenido original sin darle crédito alguno al texto original, son La Silla Rota, El Soberano, e incluso medios que operan directamente con recursos y la estructura de medios públicos del Estado mexicano, como el portal del Canal Once, del Instituto Politécnico Nacional, cuya directora del canal es Renata Turrent y cuya directora de Noticias es la periodista Luisa Cantú, y que opera bajo el Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano (SPR, dirigido por el periodista Jenaro Villamil desde el sexenio anterior), y canales de Youtube como Punto de Referencia, basado en el programa de Canal 14 del mismo nombre conducido por el periodista Alberto Najar y la comunicadora Azul Alzaga.
Poniendo en la balanza el impacto que la nota tuvo al ser compartida por Guadalupe Lizárraga y tomando en cuenta la fecha de las publicaciones, resultaría inverosímil que ninguno de los medios y periodistas mencionados se hubiera dado cuenta de la autoría original de la primera publicación, y resulta cuestionable si hubo una razón intencionada en omitir el crédito a la autoría original de la investigación.
Solo dos medios dieron crédito a la fuente original: Parcialmente, citando a Los Ángeles Press como referencia sobre la intervención de Margolis en el caso Vallarta, en el caso de Proceso. El único medio que dio el debido crédito a este medio por el retiro de la visa de Margolis, fue el diario La Razón de México, en una nota escrita por el reportero César Huerta.
Posibles plagios o apropiación de exclusiva: Comparativas
Contenido base/original: Los Ángeles Press.Autora de la investigación: Guadalupe Lizárraga.Fecha de publicación: 6 de agosto de 2025.
Información: Se habla de que el empresario Eduardo Margolis fue notificado formalmente en julio pasado por autoridades estadounidenses, sobre el retiro de su visa. Se da el contexto del actual gobierno estadounidense y el Departamento de Estado, y su endurecimiento en medidas contra personajes asociados a corrupción y lavado de dinero. Se mencionan los contratos de EPEL, empresa de seguridad de Margolis, con dependencias gubernamentales. El artículo abunda en las posibles operaciones irregulares de la empresa, la fractura entre Margolis y uno de sus socios en EPEL, Eduardo Mizrahí, y se da una lista de compañías del mencionado. Además, la nota habla de su vinculación con los casos Cassez Vallarta, Wallace y Khoury Layón, y su posible participación en hechos de tortura, de acuerdo con declaraciones del propio Israel Vallarta asentadas en su Protocolo de Estambul positivo. Finaliza con el estado de salud de Margolis por problemas renales, y el declive actual que sufren su prestigio y su poder dentro de la Comunidad Judía, en comparación al carisma y aprecio general del que gozaba anteriormente.
Medios que plagian o retoman el contenido omitiendo el crédito
Cadena Política.Redactor que copia la nota: Únicamente aparece como “DM”Omite el crédito a Los Ángeles Press y Guadalupe LizárragaFecha de publicación: 6 de agosto de 2025.
Información: Se copia casi textual la información sobre el retiro de la visa de Eduardo Margolis, y se habla de sus empresas, las posibles investigaciones a las mismas y los problemas con sus socios. Sin embargo, se omite por completo su posible implicación en los casos Wallace, Vallarta y Khoury Layón, al igual que su estado de salud y su desprestigio actual en la comunidad judía.
La Silla RotaRedactor que se atribuye la nota: Vic Gerardo Balderas.Omite el crédito a Los Ángeles Press y Guadalupe LizárragaFecha de publicación: 7 de agosto de 2025.
Información: De todos los textos, este parece el mayor intento de reproducir, casi cual copia exacta, todo el texto de Lizárraga. Solo omite la mención al Departamento de Estado (que generaliza simplemente como “autoridades”), elimina la lista de empresas de Margolis y agrega el vínculo con Televisa. El resto, una copia casi exacta aunque más breve, del texto original de Lizárraga, aunque aparentemente con una fachada más de “neutralidad”.
El SoberanoRedactor que copia o se atribuye la nota: Dilan Correa.Omite crédito a Los Ángeles Press y Guadalupe LizárragaFecha de publicación: 7 de agosto de 2025.
Información: Un poco más conciso y breve, es casi una copia exacta del texto de La Silla Rota.
Once Noticias (del Canal Once del IPN, a cargo de Renata Turrent y Luisa Cantú).Redactor que copia o se atribuye la nota: Sin nombre.Omite crédito a Los Ángeles Press y Guadalupe LizárragaFecha de publicación: 8 de agosto de 2025.
Información: Mucho más breve que los anteriores, es una versión en extremo resumida de lo expuesto por Guadalupe Lizárraga.
Este patrón de retomar una nota sin darle crédito ni al autor original de la nota, ni al primer portal donde apareció publicado, sin acceso a otras fuentes que la acrediten, pareciera una constante en el periodismo. Sin embargo, es llamativo en el caso de la periodista Guadalupe Lizárraga, quien ha sido invisibilizada por los grandes corporativos mediáticos, pero también por youtubers e influencers que presuntamente se autonombran, a pesar de que en la mayoría de los casos tienen una línea editorial completamente afín al actual gobierno, como “independientes”.
Invisibilización y desacreditación: El caso de Guadalupe Lizárraga
Un ejemplo de esta invisibilización, posiblemente intencionada, hacia el trabajo de la periodista Guadalupe Lizárraga, lo constituyen los señalamientos de un posible plagio de Ricardo Raphael sobre su investigación del caso Wallace. A pesar de que Lizárraga lleva publicando sobre el tema desde mayo de 2014 hasta la actualidad, acumulando aproximadamente el centenar de publicaciones al respecto, y de que sus perfiles tienen una presencia importante en las redes, a partir de mayo de 2019, tras el reportaje de Raphael en el entonces semanario Proceso, comenzó a ser borrada del tema.
Esto incluyó no solo el veto e invisibilización a su trabajo y señalamientos, sino incluso una serie de ataques de cuentas bot en redes sociales, que incluyeron amenazas, publicación de datos personales de ella y su familia, insultos, calumnias y difamación sobre su trabajo y su vida personal, alusiones sexuales e incluso intentos de criminalización y fabricación como culpable. Lo relevante es que estas campañas de ataques y multicuentas suelen reactivarse cuando la periodista vuelve a señalar el posible plagio de Raphael y la invisibilización a su trabajo, de igual modo que reinician cuando la periodista publica alguna investigación fuerte sobre personajes como García Luna, Miranda de Wallace o Margolis, o sobre la alta vulnerabilidad en las condiciones de vida y amenazas que continúan padeciendo las víctimas del caso Wallace en prisión.
Más allá de que algunos organismos y portales internacionales mantienen abierta la discusión sobre qué es y qué puede considerarse plagio en materia de periodismo, y que esto puede dividir opiniones entre periodistas y público, es cuestionable que las denuncias y señalamientos de Lizárraga al respecto han sido completamente ignoradas no solo por autoridades, sino también por medios de comunicación, periodistas e influencers, quienes en su mayoría han cerrado completamente sus espacios no solo para estas denuncias de la periodista, sino también suelen omitirla como referente del caso Wallace, a pesar de tener más de una década cubriendo detalladamente el tema. Esto no solo también va acompañado de la ausencia absoluta de solidaridad del gremio periodístico ante estos ataques, sino incluso a campañas de especulaciones acusándola de “inventarse todo”.
Si bien es cierto hay quienes opinan que el periodista “no debe ser la nota”, y uno de los ataques y críticas recurrentes a Lizárraga se encuentra en quienes la señalan de que sus reclamos al reconocimiento a su trabajo se trata de una cuestión de ego u otras acusaciones similares, se olvida que el reconocimiento al trabajo de un periodista no sólo es una cuestión de ética profesional, sino una necesidad para preservar la seguridad, la integridad y la vida del periodista, en especial cuando realiza investigaciones que más de una vez han puesto en peligro su vida.
En el caso de Guadalupe Lizárraga, solo por el caso Wallace, ha vivido dos intentos de secuestro, un allanamiento a su domicilio en México, el secuestro exprés de su hija, amenazas vía telefónica; campañas de odio, ataques y desprestigio a través de cuentas bot, y a todo esto se suma la completa invisibilización, censura y veto a su trabajo y al reconocimiento de su trabajo, así como la apropiación a los contenidos del portal sin dar crédito a la periodista , ni al medio, como en el caso de la última nota sobre Eduardo Margolis.
La invisibilización de su trabajo, la falta de reconocimiento del mismo, y la apropiación de sus publicaciones sin darle crédito a la periodista, ni al portal, más allá de ser faltas éticas, son formas de aumentar exponencialmente su vulnerabilidad ante posibles amenazas o agresiones por lo delicado de sus investigaciones. El caso de Guadalupe Lizárraga, más que llamar al silencio, debe abrir al debate y al cuestionamiento, tanto entre público como periodistas. ¿Por qué ocurre esto con Guadalupe Lizárraga, y quién lo opera? ¿Es un caso particular y aislado, o es un patrón frecuente entre quienes tocan temas espinosos sobre redes de corrupción, casos de tortura y violaciones a Derechos Humanos? ¿Por qué se mantiene el silencio sobre esto en el gremio, y a quién le beneficia? ¿Es a particulares, o al Estado?
En situaciones así, independientemente de las diferencias personales que algunos colegas puedan tener con la periodista y de que puedan estar de acuerdo o no con todos o algunos de sus puntos de vista, el silencio y la invisibilización no solo es elocuente, sino también lamentable y cómplice. Y ello nos afecta a todos los periodistas, porque el día de mañana los invisibilizados y expuestos a un mayor riesgo podríamos ser cualquiera de nosotros.