Por Cuauhtémoc Villegas Durán
Toño Martín del Campo todavía no es candidato a gobernador.
Pero ya comenzó a explicar cómo gobernaría.
Y ahí empezó el problema.
No fueron los espectaculares.
No fue solamente la promoción política.
Ni siquiera fue el Instituto Estatal Electoral.
Fue él.
Porque los políticos suelen pasar años intentando ocultar aquello que verdaderamente piensan hasta después de ganar una elección.
Toño decidió hacerlo al revés.
Nos lo está diciendo antes.
La megacárcel
Primero apareció El Salvador.
Martín del Campo anunció su viaje para conocer personalmente el Centro de Confinamiento del Terrorismo, el CECOT de Nayib Bukele.
No fue turismo penitenciario.
El senador explicó que quería estudiar las políticas de seguridad aplicadas en aquel país para identificar cuáles podrían adaptarse a México.
Y dejó clara su valoración:
para él, El Salvador representa un “caso de éxito”.
Después vino la propuesta.
Una megacárcel mexicana.
Máxima seguridad.
Aislamiento de dirigentes del crimen organizado.
Cadena perpetua para criminales y funcionarios ligados con organizaciones delictivas, dentro de las propuestas impulsadas por el PAN.
Es una idea magnífica para ganar aplausos en Facebook.
El problema comienza cuando uno recuerda que gobernar es algo un poco más complicado que encarcelar gente.
Bukele no construyó solamente una cárcel.
Construyó un régimen de excepción en el que decenas de miles de personas fueron detenidas, muchas de ellas sin juicio ordinario durante largos periodos, y que ha sido cuestionado internacionalmente por violaciones a derechos humanos. Toño reconoció que existen esas críticas, pero respondió que los criminales tampoco preguntan por los derechos de sus víctimas.
Esa frase debería preocupar más al PAN que cualquier espectacular.
Porque los derechos humanos no existen para premiar a los buenos.
Existen precisamente para limitar al Estado.
Gobernar no es jugar a Bukele
Aguascalientes no es El Salvador.
Tiene otra población.
Otra estructura criminal.
Otro sistema judicial.
Otra Constitución.
Otra relación entre Federación, estado y municipios.
Y problemas completamente diferentes.
Importar una megacárcel porque la fotografía funciona electoralmente es exactamente la clase de política de seguridad que México lleva décadas pagando.
Primero la ocurrencia.
Después el operativo.
Al final los muertos.
Toño puede visitar todas las cárceles que quiera.
El problema comienza cuando un viaje se convierte en programa de gobierno.
Y todavía ni empieza la precampaña
Ésta es la parte verdaderamente increíble.
Martín del Campo espera que el PAN resuelva la candidatura a gobernador alrededor de octubre. Es decir, él mismo reconoce públicamente que todavía está en competencia interna.
Mientras tanto recorre municipios.
Se reúne con empresarios.
Organiza foros de seguridad.
Escucha sectores productivos.
Presenta 31 iniciativas obtenidas —dice— de sus recorridos por el estado.
Habla de seguridad, movilidad, justicia, vivienda, energía y economía.
Todo eso puede justificarse como trabajo legislativo.
Pero políticamente nadie es idiota.
Toño está construyendo candidatura.
Leo Montañez también.
La diferencia es que Toño comienza a dejar por escrito aquello que sus adversarios utilizarán contra él.
La campaña que se escribe sola
Supongamos que Leo obtiene la candidatura.
No necesita contratar a un gran estratega para atacar a Toño.
Le basta con guardar periódicos.
“Quiere importar la política de Bukele”.
“Defiende una megacárcel”.
“Habla de cero tolerancia”.
“Considera exitoso un sistema cuestionado por organismos de derechos humanos”.
Todo dicho por el propio Martín del Campo.
Y si Toño gana la candidatura, Morena tampoco tendrá que investigar demasiado.
Nora Ruvalcaba ya fue adelantada por Morena como su figura rumbo a la gubernatura.
Imagino el discurso.
No será difícil:
“El PAN quiere convertir Aguascalientes en El Salvador”.
Será simplista.
Pero funcionará.
Porque Toño les regaló el material.
El síndrome Bukele
Bukele se convirtió en la fantasía latinoamericana de los políticos sin imaginación.
Problemas complejos.
Solución sencilla.
Cárceles enormes.
Militares.
Detenciones masivas.
Fotografías espectaculares.
Y una frase:
mano dura.
Es políticamente rentable porque elimina la parte más difícil de gobernar.
No hay que explicar cómo reducir la desigualdad.
Cómo impedir que adolescentes sean reclutados.
Cómo investigar desapariciones.
Cómo profesionalizar policías.
Cómo depurar fiscalías.
Cómo perseguir dinero criminal.
Cómo recuperar territorios.
Sólo hay que construir una cárcel.
Y meter gente.
La política convertida en arquitectura.
Lo extraño en Aguascalientes
Todavía resulta más extraño que Martín del Campo haya escogido esa bandera en Aguascalientes.
El propio discurso gubernamental presume estabilidad y mejores condiciones de seguridad respecto de buena parte del país.
Eso no significa que aquí no exista crimen organizado.
Lo acabamos de ver en la frontera con Zacatecas.
Lo vemos en desapariciones.
En reclutamiento.
En ejecuciones.
En operaciones criminales.
Pero precisamente por eso se necesitaría una estrategia diseñada para Aguascalientes.
No una copia salvadoreña.
Primero candidato, después gobernador
Hay además una regla elemental en política.
Primero gana la candidatura.
Después explica tu programa.
Toño parece decidido a hacerlo al revés.
Cada semana agrega una propuesta.
Cada foro produce una declaración.
Cada viaje genera una bandera.
Y cada bandera define anticipadamente el personaje que llevará a una eventual campaña.
El riesgo es evidente:
cuando finalmente llegue octubre, el PAN no decidirá solamente entre dos nombres.
Decidirá entre dos paquetes políticos.
Leo.
Y Toño con todo aquello que ya dijo.
Incluida la megacárcel.
Se hundió solo
Cuando digo que se hundió no quiero decir que jurídicamente haya quedado fuera.
No ha ocurrido.
Sigue siendo uno de los aspirantes más fuertes.
Algunas encuestas recientes incluso lo colocan por delante de Leo Montañez dentro de la competencia panista.
Precisamente por eso resulta tan torpe.
Cuando vas perdiendo necesitas arriesgar.
Cuando vas ganando necesitas no cometer estupideces.
Toño estaba en una posición extraordinaria.
Exalcalde.
Senador.
Conocimiento estatal.
Estructura.
Años buscando la gubernatura.
Y decidió colgarse voluntariamente una megacárcel al cuello.
Toño el imbécil
No porque haya cometido un delito electoral.
No porque el IEE le haya prohibido ser candidato.
No porque jurídicamente esté muerto.
Sino por algo bastante más sencillo:
está dando antes de tiempo las razones que sus adversarios necesitarán después para atacarlo.
Y todavía falta la campaña.
Falta Morena.
Falta Leo.
Falta el PAN.
Faltan debates.
Falta la elección.
Pero Toño ya empezó a debatir contra sí mismo.
Y va perdiendo.
La candidatura a gobernador era probablemente el proyecto político más importante de su vida.
Podía llegar con experiencia.
Con estructura.
Con reconocimiento.
Incluso con ventaja.
Pero quiso jugar a Bukele antes de tiempo.
Y quizá dentro de unos meses descubramos que la primera persona encerrada por aquella megacárcel imaginaria fue precisamente él.
Encerrado dentro de su propia candidatura.


