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De parque modelo a zona sitiada: el Bulevar Agricultores bajo fuego

La zona ubicada al suroriente de Culiacán ha sido foco de enfrentamientos, asesinatos y ataques

Ríodoce.- En 2009, Jesús Vizcarra Calderón, entonces presidente municipal de Culiacán, impulsó un ambicioso proyecto de renovación del Paseo Agricultores, una vialidad estratégica ubicada en una de las zonas más pobladas y conflictivas del sur-oriente de la ciudad.

Con una inversión de 58.8 millones de pesos, el entonces alcalde aseguró que la obra beneficiaría directamente a 120 mil habitantes. El proyecto transformó un antiguo arroyo de 80 metros de ancho en un par vial con dos calles de 4.5 kilómetros por lado, complementadas con un parque lineal central. La obra mejoraría la conectividad entre 12 colonias, e incluyó ciclovías y áreas deportivas. Se preveía también que este corredor impulsara el desarrollo social y económico de la zona.

“Es una obra majestuosa, que vendrá a mejorar la vida de los habitantes de esta parte de la ciudad. La parte más pobre, y puedo decir vergonzante de la ciudad”, declaró un satisfecho Vizcarra al iniciar la obra en 2009.

Con el transcurso del tiempo, el también conocido como “Malecón de los Pobres”, donde concluyen las colonias Guadalupe Victoria, Amistad, Revolución, 5 de Febrero, Esperanza, Renato Vega Amador, Vista Hermosa, Laureles Pinos, entre otras, se llenó de negocios, de plazas comerciales, y el parque, de familias. Hoy, los enfrentamientos entre grupos armados, asesinatos de civiles y ataques contra negocios y viviendas en medio de la pugna entre Mayos y Chapos, lo han convertido en una zona de alto riesgo.

Donde hubo esperanza, ahora hay miedo

El sector, que conecta con la carretera a Sanalona, ha sido uno de los más violentos durante el conflicto interno del Cártel de Sinaloa, lo que ha desplazado cualquier atisbo de desarrollo. Lo que se pensó como un corredor para familias, comercios y tranquilidad, hoy es territorio sitiado por el miedo y la incertidumbre.

Los pocos comerciantes que permanecen aún abiertos, conviven con locales con letreros de “se renta” o “se vende”. Ahora, esa zona vive tatuada por la violencia.

El pasado 24 de marzo, Danna Sofía, una niña de 12 años, perdió la vida cuando era trasladada a recibir atención médica tras quedar herida en un tiroteo sobre esta vialidad, frente a un negocio de comida.

“Aquí son cosas de todos los días. ¿Se acuerda de la niña que murió? Yo la vi. Iban por la 15, y cuando dieron vuelta en la gasolinera les dispararon. Luego, en la tienda de atrás, otra vez. Salimos mi compañero y yo, y ahí estaban los casquillos afuera del negocio”, recuerda un comerciante.

Otro vecino, también dueño de un negocio de alimentos, asegura que el ritmo de trabajo depende de las balaceras. “Desde hace meses trabajamos aquí, y de repente empiezan a sonar balazos y tenemos que cerrar. Cuando empezó la guerra, todos los días después de las 4:00 de la tarde, si no era aquí cerca, se escuchaban disparos alrededor. Hemos visto muchas cosas.”

“Nos tiene bien atrasados. La gente no sale ni a comprar comida, tienen miedo. Aquí se escuchan las balas y se acaba el día para todos. Cerramos y al otro día seguimos intentando. Una vez, unos comensales estaban aquí sentados comiendo, y de repente empezó a sonar un disparo. Se tiraron al piso dentro del negocio”.

Zona de riesgo: un parque sin comunidad

Para Iliana Padilla Reyes, urbanista, catedrática de la UNAM y experta en desarrollo urbano, el proyecto del Paseo Agricultores estuvo mal planteado desde su origen.

“Fue parte de una iniciativa federal llamada Rescate de Espacios Públicos, inspirada en el programa Ciudades Seguras de la ONU. Desde mi perspectiva la base está equivocada, atiende a las teorías criminalísticas que plantean que, si cambiabas el entorno físico, puedes cambiar el comportamiento social. Era una visión muy criticada, e incluso muchos espacios rescatados fueron abandonados y vandalizados muy rápidamente”, recordó.

Padilla explica que uno de los grandes errores fue apostar todo a la infraestructura, sin construir comunidad:

“El programa se enfocaba en la obra física, pero no en la organización social. No había recursos para actividades culturales, deportivas o educativas. Aunque se exigía integrar comités ciudadanos, muchas veces sólo se reunían firmas para cumplir el trámite, bajar los recursos… y se olvidaban del proyecto”.

En 2017, Padilla publicó Geografía de la violencia en Culiacán, una investigación que explica cómo se conformaron las zonas más conflictivas de la ciudad. En ella, identifica patrones históricos que aún impactan estas colonias.

“Muchas de estas zonas se formaron con familias desplazadas desde la sierra, huyendo de la Operación Cóndor en los años 70. Se generaron asentamientos irregulares con dinámicas sociales complejas, marcadas por la exclusión y la precariedad”.

Aunque reconoce que la intención original tenía un componente de justicia social, no bastaba con pavimentar:

“Tenía razón Vizcarra cuando dijo que era una deuda histórica. Esa zona estaba convertida en un basurero, totalmente abandonada. Pero las problemáticas ya existían. Cuando hicimos un diagnóstico para identificar dónde intervenir, desarrollamos un indicador llamado residencia de detenidos. La Secretaría de Seguridad Pública nos dio datos por colonia —no por personas— y esa zona estaba entre las que concentraban más casos de homicidio y portación de armas”, añadió.

Presencia militar: ayuda que no alcanza

Ante la frecuencia de los hechos violentos en el Paseo Agricultores, elementos del Ejército Mexicano y la Guardia Nacional patrullan constantemente la zona. Su presencia genera cierta calma entre los vecinos, aunque los tiroteos no han desaparecido.

“Que estén los militares nos hace sentir más seguros. Prefiero que estén ellos. Una vez pusieron un retén de 10 camionetas aquí, pero eran civiles; esa semana cerramos el negocio. Pasaban por aquí, bajaban los vidrios y nos gritaban: ‘¡Puro Chapo Guzmán… hijos de su p…!’ y nosotros nos quedamos parados, asustados”.

Aunque reconoce que la presencia federal ha ayudado, el comerciante asegura que la violencia continúa.

“Hace rato está más calmado desde que llegaron los de Harfuch (elementos de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana), la neta esos batos se la rifan, sí le han bajado a la violencia. Aún hay balazos, pero prefiero que estén aquí. Sabe qué pasa, que los maleantes también son vivos; más aisladas, pero siguen pasando cosas”, explicó.

La dueña de una tienda de abarrotes ubicada sobre la misma vialidad, señala una bala incrustada en la fachada de su negocio como prueba del tiempo vivido bajo fuego. Relata también el golpe económico:

“La venta bajó mucho. Estamos por el puro bulevar, pero hace meses que se queda solo. Tenemos que abrir más tarde y cerrar más temprano. Muchos negocios cerraron por falta de clientes. Nos ha pegado muy duro”, mencionó.

“Claro que hemos visto cosas, ¿quién no? Da miedo venir a trabajar. Muchos proveedores ya no vienen; tenemos que surtirnos nosotros en tiendas grandes. Estuve a punto de cerrar hace meses.”

Cuando se les pregunta por las cifras oficiales que aseguran que la violencia va a la baja, las respuestas son tajantes:

“No es verdad que la situación mejora. Seguimos viendo lo mismo: siguen matando gente. ¿Cómo puede mejorar? No pueden decir eso”.

Iliana Padilla también tiene una opinión sobre las declaraciones de las autoridades.

“Yo le llamo una política del silencio, particularmente en Culiacán le apuestan a que la gente resista, y repiten este discurso, y se aferran a que las cosas van mejor, que están trabajando, casi como si fuera su último recurso. Sin duda, muchas de las decisiones políticas en Sinaloa son inmorales, creo que es el buen término para llamarlo. Son inmorales porque ponen en el centro un proyecto político y no la necesidad y el dolor de las personas”.

Mientras, en el bulevar Agricultores los negocios siguen cerrando y la gente ya no acude al parque debido a la violencia, el gobernador Rubén Rocha anunció la construcción de la siguiente etapa del proyecto, ahora para conectarlo a  La Costerita. El costo será de 257 millones de pesos.

Su discurso es similar al de Vizcarra hace 16 años. El objetivo: la reactivación económica y social, el desarrollo urbano y la movilidad de la zona.

“Será una obra de mucha calidad, va a tener la gran ventaja de conectar todo Culiacán a la salida norte y sur, vamos a conectar con La Costerita. Se convierte en un circuito vial que aliviana mucho la vialidad para la parte céntrica de Culiacán” mencionó Rocha el 29 de junio, durante una visita a la obra que lleva un 33 por ciento de avance.

El nuevo tramo tendrá una longitud de 3.06 kilómetros y unirá el bulevar Agricultores con la Carretera Federal libre de cuota México 15 y el libramiento sur Costerita y la carretera interestatal Culiacán–Sanalona–Tamazula, Durango.

PLAZAS VACÍAS. Los vestigios del desarrollo económico.

Artículo publicado el 10 de agosto de 2025 en la edición 1176 del semanario Ríodoce

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