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Cristina Ibarra/Ríodoce.

La guerra desatada en Sinaloa ha venido, entre otras cosas, a recordarnos que las proposiciones del economista Adam Smith son más vigentes que nunca: el Estado debe asegurar las condiciones de paz para que la economía funcione.

El papel del Estado en la economía

En su tiempo, por allá en el siglo XVIII, el Estado no se concebía a sí mismo como un promotor de la economía, sino más bien un defensor de la paz, que implicaba hacer la guerra. En ese tiempo muchos economistas observan que en todas las empresas en las que el Estado participa, salen perdiendo. Pero, si mantiene la paz, la economía funcionará y los agentes económicos unos producirán, otros comprarán y todos pagarán impuestos.

La guerra en Sinaloa solo descubrió una falla estructural

El cliché erróneo de Sinaloa es que la agricultura es nuestra actividad principal. Las actividades primarias no rebasan el 10 por ciento del PIB estatal, y la agricultura aporta alrededor del 75 por ciento, aunque algunos bienes son altamente competitivos a nivel nacional e internacional. No obstante, desde el 2019, estas actividades han tenido un franco deterioro por su aportación al PIB estatal, de forma que al 2023 (último dato de PIB disponible) ha decrecido en 16.5 por ciento en términos reales, comparando 2023 con el 2019. Esto sin contar la caída del sector en el 2024 por la falta de comercialización y este 2025 por la sequía y la violencia. La agricultura genera entre 100 mil y 90 mil empleos formales, mientras que el total de registros en Sinaloa están alrededor de 600 mil, según el mes que se revise. En suma: Las actividades agrícolas son un décimo de la producción y un sexto del empleo.

En Sinaloa más del 70 por ciento de la producción se concentra en los servicios. Sin embargo, precisamente es en los servicios en los que hay una mayor participación de lavadores de dinero. El sector inmobiliario, gasolineras, restaurantes, servicios financieros informales, comercio, salones de fiestas y un largo etcétera.

La guerra solo evidenció esta condición estructural y apenas se empieza a descubrir el nivel de penetración del dinero del narco en nuestra economía. Ya que no siempre son negocios grandes, sino que sus flujos les permiten abrir empresas pequeñas para la familia y que vayan ellos mismos creando sus propias fuentes de ingreso local. Además, son las mismas familias las que producen, así son fuentes de empleo y fuentes de ingreso.

Sinaloa debió hace mucho dejar de depender de las actividades primarias y moverse hacia los servicios, y sí ocurrió, el problema es la fuente de esos ingresos, que ahora van desgastándose poco a poco.

Consecuencias de la guerra

La violencia afecta a toda la sociedad y en particular a las empresas. La guerra ha ido destruyendo el empleo, arreciando este 2025 y con ello miles de hogares quedan con alta incertidumbre pues no hay vacantes, empresas cerrando, la economía cayendo a más del 4 por ciento, 15 mil 700 empleos perdidos, robos, asesinatos, desaparecidos, balaceras, desplazados y bloqueos. Se tuvo la más baja inversión extranjera directa de la historia con solo 17.4 millones de dólares en el 1T2025, ¡Comparado con 154 millones del 1T2024!

En resumen, la falta de Estado de derecho y paz ha afectado a Sinaloa de manera estructural, pues el propio crecimiento de una economía negra, ¡justamente es resultado de un estado débil y el vivir 10 meses de violencia, también!

Artículo publicado el 13 de julio de 2025 en la edición 1172 del semanario Ríodoce.

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