Cuauhtémoc Villegas Durán/Data2
CIUDAD DE MÉXICO. – El asesinato de dos maestras por un niño en Michoacán es, sólo, un caso de cientos de agresiones armadas que se registran en el país por menores de edad. Los datos arrojan una realidad alarmante.
Mientras el discurso oficial se concentra en grandes decomisos a grupos criminales, una estadística silenciosa y letal crece en las sombras de las instituciones educativas: el armamento en manos de menores de edad. Datos recientes de seguridad pública y registros escolares revelan que el decomiso de armas a estudiantes y menores ha crecido un 20% en el último año, dibujando un mapa de violencia que inicia desde la educación básica.
En el corazón del país, la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) y su homóloga mexiquense reportan una tendencia al alza en el nivel medio superior. En lo que va del ciclo escolar 2025-2026, se han documentado al menos 15 casos graves de armas de fuego detectadas dentro de planteles, principalmente en CCH y Preparatorias oficiales.
El Estado de México, en particular, presenta una problemática de “armas de proximidad”: pistolas de calibres bajos (.22 y .25) que los menores obtienen en mercados negros locales bajo el argumento de “defensa propia” ante los asaltos en el transporte público.
La situación en Jalisco es, por mucho, la más documentada y alarmante. Registros de la Secretaría de Educación y cuerpos de seguridad estatal arrojan una cifra negra de 137 armas aseguradas a menores en un solo año.
La distribución del arsenal escolar en Jalisco se divide de la siguiente forma:
Municipios como Tlajomulco de Zúñiga, Zapopan y El Salto encabezan la lista de incidencias, donde el entorno de violencia externa se ha filtrado irremediablemente a los salones de clase.. La cifra negra en las escuelas de Jalisco
Los decomisos y detecciones se concentran en la Zona Metropolitana de Guadalajara, pero con un repunte en áreas de conflicto:
En Jalisco, el Operativo Mochila ha sido intermitente debido a las quejas de Derechos Humanos. Esto ha provocado que:
“En El Salto, la línea entre el estudiante y el vigilante se borra. Si un policía privado puede amenazar a un periodista con impunidad y con la ayuda de la Fiscalía, ¿qué ejemplo reciben los jóvenes en las calles? Las armas en las mochilas de Jalisco no son solo metal; son el síntoma de un estado donde la autoridad ha sido desplazada por la ley del más fuerte.”
La investigación permite identificar otros focos rojos donde la presencia de armas en las escuelas ha dejado de ser una excepción:
Pese a la contundencia de los datos, el registro oficial sufre de una “anemia informativa”. La mayoría de los directores de escuelas prefieren aplicar sanciones internas —como suspensiones temporales— y entregar el arma a los padres de familia para evitar auditorías o represalias de grupos delictivos.
Este “pacto de silencio” institucional impide que los incidentes entren en el registro nacional de delitos, dejando a miles de menores armados fuera del radar preventivo del Estado.
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