

El cinismo de Alma
“Me creo en el infierno, luego estoy en él… De mi alma casi podrida”. Arthur Rimbaud
Ajo Blanco/Cuauhtémoc Villegas Durán
Hay imágenes que retratan la decadencia de un sistema político con mayor nitidez que cualquier informe de gobierno o auditoría presupuestal. Una de ellas se encuentra hoy en la entrada de Villas de Nuestra Señora de la Asunción (VNSA), justo en las inmediaciones del Tercer Anillo. Ahí, sobre los muros de una propiedad en ruinas, abandonada y que en su momento fue tomada por células del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), destaca una pinta impecable, de letras azules y tipografía cuidadosamente diseñada, con un eslogan que desborda ironía: “Tan Pegado al ALMA”. Una ex tiendita de droga, un picadero, un lugar aún irrecuperable y que fue cuidado por quienes supuestamente “nos cuidan”: los policías de todas las corporaciones y los políticos de los más altos niveles.
El contraste es, por decir lo menos, una bofetada al sentido común y a la dignidad de los habitantes del oriente de la ciudad. Mientras las autoridades estatales y municipales permitieron durante años el abandono de este inmueble —dejando que se convirtiera en un foco de infección, delincuencia y terror para los vecinos—, los equipos de campaña de Alma Hilda demostraron una logística envidiable para reclamar el muro. Para limpiar el cochinero, reparar el pavimento destrozado o asegurar una zona de alto riesgo, no hay presupuesto ni voluntad; pero para mandar brigadas nocturnas a tapizar la ciudad con propaganda sin sustento legal ni informe que la justifique, los recursos brotan de la nada.
Este es el verdadero cinismo de la política electoral: utilizar el lienzo del deterioro urbano, provocado por la propia negligencia oficial, para colgar promesas de cercanía y empatía. La estructura que se observa en la imagen 1000155125.jpg es el monumento perfecto a las prioridades invertidas. El contenedor de basura desbordado, los escombros y las huellas del control criminal conviven en el mismo cuadro con la simulación publicitaria. La delincuencia organizada se apropia del espacio físico mediante la violencia; los políticos se apropian del espacio visual mediante la impunidad de los vacíos legales.
¿Con qué cara se le habla de “alma” y compromiso a una comunidad que tiene que esquivar la basura y el miedo a la vuelta de su casa? Lo que vemos en VNSA no es un caso aislado, es una estrategia de saturación que busca normalizar las ruinas mientras nos acostumbramos a los nombres de siempre en las paredes. Si realmente estuvieran tan pegados a las necesidades de la gente, la primera brocha no habría sido para pintar un eslogan, sino para recuperar un espacio público que la autoridad le entregó, por omisión, a la delincuencia. Pero en el Aguascalientes de las apariencias, sale más barato maquillar las paredes que limpiar el estado.


