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La Ñonga.- Con gesto solemne y la maleta repleta de papeles que nadie pidió, Claudia Sheinbaum fue vista partiendo en carruaje rumbo al norte, llevándose bajo el brazo los Archivos de la Nación, como si fueran su álbum personal de estampitas de la 4T.

El viaje, dicen sus cercanos, no es solo político: es casi místico. Busca llegar a Paso del Norte, el mismo sitio donde Juárez reinventó la patria, aunque en esta ocasión la hazaña se limite a leer expedientes de programas sociales y decretos mañaneros mientras los caballos trotan.

Morena lo celebra como una “hazaña histórica” y asegura que Sheinbaum está lista para gobernar desde cualquier punto del mapa, incluso desde un carruaje colonial que apenas se sostiene con mecates y milagros. “Es austeridad republicana sobre ruedas”, declaró un diputado que corrió detrás de la carreta hasta quedarse sin aire.

En la Ciudad de México, mientras tanto, nadie sabe quién gobierna. Los baches siguen creciendo, el Metro sigue temblando, pero la doctora ya va lejos, custodiada por la sombra de AMLO y los gritos de los morenistas que le gritan: “¡Paso del Norte o muerte!”.

La Ñonga confirma: los Archivos viajan seguros, apretados entre el bastón de mando y un termo de atole de La Chingada. La pregunta no es si Sheinbaum llegará a Paso del Norte, sino si alguien se atreverá a pedirle de regreso los documentos… cuando descubran que lo único que guardaban eran las recetas de miel tabasqueña.

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