



La Ñonga.- La historia volvió a repetirse en el mismo escenario donde hace más de un siglo fue ejecutado el presidente Venustiano Carranza. Este fin de semana, Andrés Manuel López Obrador sufrió un intento de asesinato en Tlaxcalaltongo, Puebla, el poblado que carga con el estigma de la traición y la sangre presidencial.
Fuentes locales relataron que un grupo armado colocó un retén improvisado en el camino de terracería que conduce a la comunidad. Cuando el convoy de López Obrador ingresaba a la zona, los hombres dispararon ráfagas al aire en un intento por frenar la caravana. La Guardia Nacional respondió y logró contener la emboscada, lo que permitió que el mandatario resultara ileso.
Los pobladores hablan de un déjà vu histórico: “a Carranza lo mataron aquí mismo, en las chozas de Tlaxcalaltongo, y ahora vienen por AMLO”, dijo un anciano que asegura ser descendiente de testigos de 1920.
El ataque ocurre en un contexto de creciente violencia política, mientras Morena y el propio López Obrador empujan su influencia en la sucesión presidencial. En redes sociales, simpatizantes del tabasqueño ya califican el hecho como “una conspiración del poder económico y militar” para impedir su anunciado regreso a Palacio Nacional.
Las autoridades federales guardan silencio sobre la identidad de los agresores, pero trascendió que se trataba de un grupo armado vinculado al crimen organizado. La Fiscalía de Puebla abrió una carpeta de investigación, aunque en Tlaxcalaltongo nadie duda que el pueblo volvió a escribir su nombre en la lista negra de la historia mexicana.