



La diplomacia del trasero pesado
En Moscú no se hacen bolas. Ante la frase que Donald Trump soltó en su eterno afán de llamar la atención , el presidente ruso respondió con calma eslava; “Trump dice que me va matar. Sí, pero a sentones”, luego de revelar amenazas en privado por parte del presidente gringo.
No fue amenaza, fue metáfora: el Kremlin no necesita misiles ni hackers, le basta con el peso de su silla y la gravedad de su espalda para dejar aplastado a quien se le ponga enfrente.
Del ajedrez nuclear a la lucha libre de barrio
Trump intenta boxear con palabras, pero Putin ya juega a la lucha libre. En su lógica, la política internacional se gana como en la vecindad: quien se sienta primero, gana el lugar en la banca.
Los diplomáticos que escucharon la respuesta aseguran que hubo risas en el Salón de San Jorge, aunque nadie se atrevió a soltar carcajadas frente al “zar del glúteo geopolítico”.
El mensaje oculto
Más allá de la burla, el mensaje fue claro: Trump puede gritar, patalear y hasta decir que quieren matar a Putin, pero en el fondo no puede hacerle nada a Putin. El ruso lo domina por simple presencia, como el compañero de secundaria que con sentarse en tu pupitre ya te dejaba sin espacio para respirar.