



Ajo Blanco/Cuauhtémoc Villegas Durán.
🔥 Sinaloa: ni paz, ni crecimiento; sólo desolación
La Sinaloa que une su nombre con mares y agros transita por una maldita normalidad. Desde septiembre de 2024, la fractura entre facciones del Cártel de Sinaloa —Los Chapitos vs. La Mayiza— ha vertebrado un escenario digno de novela de terror: encarcelados del miedo tras la detención de “El Mayo” Zambada; ejecuciones como rito cotidiano y cuerpos desvaneciéndose en el olvido Wikipedia+5Reddit+5Reddit+5.
En la economía, el derrumbe es monumental. Culiacán y municipios aledaños sufren pérdidas que se reparten entre al menos 23,000 millones de pesos y hasta 25,000 empleos destruidos, según Coparmex y expertos estatales El País+2El Financiero+2. Más de mil 800 negocios cerrados, caída del 70‑80 % de ventas en el comercio local, desplazamiento obligado al comercio informal… la supervivencia ya no es aspiración ni proyecto, es un golpe tras otro en la mandíbula del hambre Grupo MilenioinfobaeN+ADNPolítico.
La percepción de miedo supera el 90 % según Inegi. Los universitarios que soñaban con un futuro intelectual ven cómo ese futuro se desintegra: o emigran o resignan su talento frente a la posibilidad de ser cadáver o extorsionado infobae.
📍 Veracruz: extorsiones con cara de Estado
Mientras Sinaloa se derrumbe al norte, Veracruz se desangra desde adentro. Irma Hernández Cruz, vieja maestra que se ganó las calles como taxista, hizo un pacto con la vida: “Con la Mafia Veracruzana no se juega…” Y la mafia jugó a matar: secuestrada, humillada en video y hallada muerta en un ranchito, con “infarto” oficial incluido El País+1. Un cálculo brutal: seis millones de víctimas de extorsión estimadas, y apenas el 0.2 % denuncia El País.
En medio, choferes rematados en hospitales: sí, sicarios disfrazados de familiares que borran cualquier posibilidad de esperanza El País. No es un Estado fallido: es un Estado cómplice por omisión. La presidenta ostenta y defiende el Maximato de López Obrador y cada vez la más la izquierda demuestra que su lucha no era por los pobres sino por el poder y que no les importa servir y defender al narco y criminalizar e ignorar a los periodistas caídos.
En Veracruz, un motín con siete muertos en penal de Tuxpan y otros once heridos arroja luz sobre las extorsiones internas y la descomposición del sistema penitenciario, aparentemente en manos del Grupo Sombra El País+1.
🛡️ Gobernantes: funcionarios asesinados y prisiones quebradas
Este agosto, un juez haya sacudido la escenografía de la impunidad: Ernesto Vázquez Reyna, delegado de la FGR en Tamaulipas abatido con granada y fusilería en plena tarde en Reynosa. Ni los mecanismos de seguridad ni los protocolos lo salvaron —tampoco habían servido para nadie más— El País+1. El saldo supera los 86 funcionarios ejecutados en 2025, cifra que ni las cifras quieren contar El País.
🕯️ Jalisco: desaparecidos, huesos y silencio oficial
En Jalisco, lo que emerge del silencio oficial es una herida abierta. En el rancho Izaguirre de Teuchitlán se destapó una fosa con cadáver, restos humanos y secuestrados; 10 sentenciados, un alcalde detenido, y ninguna voluntad real para advertirnos de lo que fue ese centro de exterminio local El País.
El drama de las desapariciones por fin es reconocido en el discurso público: seis medidas anunciadas por la Presidencia para fortalecer comisiones, bases forenses y legislación, pero el paso entre bolígrafo y homicidio sigue siendo largo, lento… mortal Wikipedia.
🧾 Conclusión “ajo blanco” (pero con sabor amargo)
El México real que arde no lo vas a encontrar en las portadas sofisticadas: lo verás en calles que clausuran al anochecer, estudiantes que huyen o aceptan migajas, viejas profesoras convertidas en mensajeras del terror. Sinaloa sigue desangrándose por una “narcoguerra” que no es guerra: es limpieza social. Veracruz se pudre a cuenta del crimen y la indolencia oficial. Tamaulipas ya no es frontera, es fosa. Jalisco se llama bucle de cadáveres impunes.
En este marco, ¿qué resta? Llorar y escribir. Los “golpes” económicos, los “escenarios críticos”, los “programas” que nunca se activan, son retórica sin hueso. Nos falta una conciencia de Estado que no maquille las cifras sino que reconozca que el Estado es carne y piel y agoniza en miles de cuerpos abiertos por la violencia.