LAGOS DE MORENO, JAL.– La geografía del horror en la región de los Altos de Jalisco no deja de expandirse, volviéndose cada vez más compleja y macabra. Tras la confirmación del hallazgo de un crematorio clandestino por parte del colectivo Madres Buscadoras de Sonora, una aclaración exclusiva de su líder, Cecy Flores, para Objetivo7 rompe la narrativa oficial: no se trató de un solo punto, sino de dos centros de exterminio operando de manera simultánea y con metodologías distintas.
El segundo escenario, localizado en un punto completamente apartado del primer hallazgo, revela una evolución técnica de las células delictivas que operan en la entidad. Ya no se trata solo de la quema artesanal de restos, sino de un complejo sistema de “cocinas de ácido” diseñado específicamente para borrar de manera definitiva la identidad de las víctimas.
En este segundo campo de exterminio, las buscadoras documentaron un escenario de degradación humana sin precedentes en la zona rural de Lagos de Moreno. En el sitio fueron localizados cinco botes de plástico con capacidad de 200 litros cada uno, sumando en su conjunto una infraestructura con capacidad para albergar hasta mil litros de sustancias químicas altamente corrosivas.
El panorama técnico del hallazgo detalla la saña y la logística empleada:
Aunque la lógica forense inicial y las dimensiones de cada contenedor sugieren que las células criminales pudieron haber introducido un cuerpo por bote de manera individualizada, la realidad científica detrás de este método es mucho más perversa.
A diferencia de los crematorios clandestinos —donde los fragmentos óseos y las piezas dentales suelen resistir al fuego y permiten la posterior extracción de perfiles de ADN—, la disolución mediante ácidos industriales en contenedores plásticos representa un nivel de sofisticación superior. Este método destruye el tejido blando, los órganos y descalcifica el tejido óseo hasta convertirlo en lodo o residuos líquidos imposibles de analizar.
En términos prácticos, este segundo campo no es solo un depósito de cadáveres; es un laboratorio de desaparición absoluta. Al diluir por completo la materia orgánica, los perpetradores logran lo que los peritos denominan “la imposibilidad de la identificación”. En estas “cocinas”, saber quién fue la persona “cocinada” se vuelve un reto científico prácticamente insuperable, perpetuando la condición de desaparecido de forma permanente.
Este hallazgo de mil litros de capacidad de exterminio químico vuelve a poner en evidencia el rezago y la omisión de las autoridades de los tres niveles de gobierno, quienes han mantenido un cerco informativo respecto a la operación real de estas redes criminales en Jalisco.
Mientras las comisiones oficiales de búsqueda operan bajo protocolos burócratas, son las brigadas de las madres quienes, rastreando indicios en la maleza, continúan desmantelando la infraestructura con la que el crimen organizado borra a una generación de jóvenes en la región.
La información, el contexto detallado y las evidencias visuales de este segundo campo de exterminio solo han sido informados y documentados por las buscadoras y este medio informativo, rompiendo el monopolio de la verdad que el estado pretende sostener.
Consulte el video con las declaraciones exclusivas y las imágenes del hallazgo directamente en nuestro portal informativo: Objetivo7.press
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