La Ñonga.- Donde alguna vez los balazos silenciaron al presidente Venustiano Carranza, hoy se escucha un ronquido lento, pausado y tabasqueño. Tlaxcalaltongo ya no es un paraje de conspiración, sino el nuevo dormitorio presidencial: una choza de palma, con petate incluido, donde descansa Andrés Manuel López Obrador.
La 4T transformó el sitio histórico en santuario. “Aquí no lo matan, aquí lo arrullan”, dicen los fieles que se arrodillan frente a la choza como si fuera un templo maya. Adentro, AMLO duerme rodeado de estampitas del Niño Doctor, los planos del Tren Maya y una caja de miel de Macuspana.
“Carranza murió en cama ajena, nuestro líder descansa en la suya, humilde, austera, más cercana al pueblo”, explica un morenista con lágrimas en los ojos, convencido de que la siesta obradorista es parte del plan de nación.
Y mientras los cronistas de antaño contaban de traiciones y balazos, hoy los reporteros solo registran el vaivén de un mosquitero y los rezos de Morena, que han convertido Tlaxcalaltongo en basílica tropical.
El mensaje es claro: Carranza cayó a traición, pero AMLO duerme por convicción.
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