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(250815) — ANCHORAGE, 15 agosto, 2025 (Xinhua) — El presidente ruso, Vladimir Putin, ofrece una conferencia de prensa conjunta con el presidente estadounidense, Donald Trump (no aparece en la imagen), después de concluir sus conversaciones, en Anchorage, Alaska, Estados Unidos, el 15 de agosto de 2025. Las conversaciones, entabladas en la Base Conjunta Elmendorf-Richardson en la ciudad de Anchorage, duraron cerca de tres horas. (Xinhua/Wu Xiaoling) (vf) (ce)

La diplomacia del trasero pesado

En Moscú no se hacen bolas. Ante la frase que Donald Trump soltó en su eterno afán de llamar la atención , el presidente ruso respondió con calma eslava; “Trump dice que me va matar. Sí, pero a sentones”, luego de revelar amenazas en privado por parte del presidente gringo.

No fue amenaza, fue metáfora: el Kremlin no necesita misiles ni hackers, le basta con el peso de su silla y la gravedad de su espalda para dejar aplastado a quien se le ponga enfrente.

Del ajedrez nuclear a la lucha libre de barrio

Trump intenta boxear con palabras, pero Putin ya juega a la lucha libre. En su lógica, la política internacional se gana como en la vecindad: quien se sienta primero, gana el lugar en la banca.

Los diplomáticos que escucharon la respuesta aseguran que hubo risas en el Salón de San Jorge, aunque nadie se atrevió a soltar carcajadas frente al “zar del glúteo geopolítico”.

El mensaje oculto

Más allá de la burla, el mensaje fue claro: Trump puede gritar, patalear y hasta decir que quieren matar a Putin, pero en el fondo no puede hacerle nada a Putin. El ruso lo domina por simple presencia, como el compañero de secundaria que con sentarse en tu pupitre ya te dejaba sin espacio para respirar.

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