La mayoría de estos meteoros se desintegran por completo a altitudes de entre 80 y 100 kilómetros sobre la superficie terrestre. Es importante distinguir la terminología: un meteoroide es la partícula en el espacio, un meteoro es el fenómeno luminoso en la atmósfera, y un meteorito es un fragmento que sobrevive a la ablación atmosférica y llega al suelo, algo extremadamente raro en el caso de las Perseidas debido al pequeño tamaño de sus partículas.
La lluvia de las Perseidas recibe su nombre porque su radiante se encuentra en la constelación de Perseo. Para ser precisos, los astrónomos modernos sitúan el radiante en una región fronteriza entre las constelaciones de Perseo, Casiopea y Camelopardalis.
La observación de las Perseidas no es un fenómeno moderno. Los registros más antiguos que se conservan proceden de anales históricos chinos del año 36 d.C., donde se menciona un pico de meteoros en estas fechas.
Sin embargo, no fue hasta 1835 que el astrónomo belga Adolphe Quetelet demostró científicamente que se trataba de una lluvia de meteoros cíclica que ocurría cada agosto, con su radiante en Perseo.
En la cultura popular europea, las Perseidas son más conocidas como las “Lágrimas de San Lorenzo”. Esta denominación proviene de la coincidencia del pico de la lluvia de estrellas con la festividad de San Lorenzo, un mártir cristiano que, según la tradición, fue quemado en Roma el 10 de agosto del año 258.
Durante la Edad Media y el Renacimiento, la tradición popular asoció los meteoros que surcaban el cielo en esas noches con las lágrimas de fuego que el santo derramó durante su martirio, fusionando así un fenómeno astronómico con una profunda narrativa cultural y religiosa.
El período de actividad de las Perseidas en 2025 se extiende desde el 17 de julio hasta el 24 de agosto. Durante esta ventana de más de un mes, la Tierra atraviesa la corriente de escombros del cometa Swift-Tuttle, lo que significa que es posible ver meteoros de esta lluvia en cualquier noche dentro de este intervalo.
La noche de máxima actividad, conocida como el “pico”, está prevista del 12 al 13 de agosto de 2025. El momento de mayor intensidad se espera alrededor de las 02:38 UTC del 13 de agosto. Esto se traduce en las 04:38 hora peninsular española (CEST) y en las últimas horas de la noche del 12 de agosto para la mayor parte de Latinoamérica.
El factor crítico que definirá la experiencia de 2025 es la fase lunar. Durante la noche del pico, la Luna estará en fase de gibosa menguante, con una iluminación del 83%. Esta intensa luz lunar actuará como una forma de contaminación lumínica natural, creando un velo brillante en el cielo que ocultará todos los meteoros excepto los más luminosos.
Por esta razón, 2025 está catalogado como un año con condiciones “pobres” o “desafiantes” para la observación de las Perseidas. Es fundamental corregir la información errónea que sugiere que una luna menguante es beneficiosa; con un 83% de iluminación, su brillo es un impedimento significativo.
Para cuantificar la intensidad de una lluvia de meteoros, los astrónomos utilizan la Tasa Horaria Zenital (THZ). Este valor representa el número teórico de meteoros que un observador podría ver en una hora bajo condiciones absolutamente perfectas: un cielo completamente oscuro (sin Luna ni contaminación lumínica) y con el radiante de la lluvia situado directamente en el cénit (el punto más alto del cielo). Para las Perseidas, la THZ suele ser de unos 100 a 150 meteoros por hora.
Es crucial entender que la THZ es un ideal teórico, no una predicción de lo que se verá en la práctica. En 2025, el número real de meteoros observables será drásticamente inferior a 100 por hora debido a la luz de la Luna. Las expectativas deben ajustarse en consecuencia. En lugar de un flujo constante de meteoros, la observación de este año se centrará en la calidad sobre la cantidad.
Las Perseidas son famosas por producir “bolas de fuego” (fireballs), que son meteoros excepcionalmente brillantes y espectaculares, capaces de rivalizar en luminosidad con el planeta Venus e incluso de proyectar sombras. Estos bólidos serán los verdaderos protagonistas de 2025, ya que su gran brillo les permitirá atravesar el velo lunar. La paciencia será recompensada no con muchos meteoros, sino con la posibilidad de presenciar algunos de estos eventos verdaderamente memorables.
Para disfrutar de una larga noche de observación, la comodidad y la preparación son clave. No se necesita equipo óptico sofisticado; de hecho, los telescopios y prismáticos son contraproducentes para ver lluvias de meteoros, ya que su campo de visión es demasiado estrecho. El mejor instrumento es el ojo humano. El equipo esencial incluye:
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Observar las estrellas en Europa presenta un panorama de contrastes. Es un continente densamente poblado donde la contaminación lumínica es un problema grave, pero que al mismo tiempo alberga una red creciente de “islas de oscuridad” protegidas que ofrecen cielos espectaculares a quienes estén dispuestos a buscarlos.
Como norma básica, este año en particular habrá que alejarse aún más de centros urbanos y zonas de contaminación lumínica ya que la Luna no ayuda al estar en una fase tan avanzada e iluminar un 83% el cielo.
La International Dark-Sky Association (IDA) es una organización global que certifica lugares con cielos nocturnos de calidad excepcional, creando una red de confianza para los astrónomos aficionados. Europa cuenta con numerosos enclaves certificados que son ideales para observar las Perseidas.
Otros Destinos Notables: La red se extiende por todo el continente, incluyendo el Parque Nacional Øvre Pasvik en Noruega, la isla de Mandø en Dinamarca, y las regiones transfronterizas de Jizera y Šumava entre Polonia y la República Checa.
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