



Antes de la pugna entre Chapitos y Mayitos en Sinaloa, ciclistas y senderistas preparaban cada fin de semana las rutas para rodar y trepar el domingo. En los últimos años se han formado en Culiacán y otras ciudades del estado muchos grupos de las dos actividades para organizar los trayectos. Los grupos tienen un nombre, tienen sus líderes para la organización y en ellos hay expertos para subir un cerro o para conducir una bicicleta.
En una y otra actividad llegaban a juntarse varios cientos para rodar en plena oscuridad por caminos vecinales que rodean a Culiacán, o trepar algún cerro para ver el resplandor luminoso de la ciudad.
Así he visto nacer y morir el sol culichi, a veces de un naranja insoportable, sea desde La Leona, una montaña mediana rumbo a la población de Mojolo, o surgir en los cerros de Imala.
A un mes y días del primer año de la guerra entre las facciones del que fuera el Cártel de Sinaloa nada ha vuelto a ser igual. Rodar los caminos o las carreteras, trepar cerros o cruzar senderos, se convirtió en otra actividad de alto riesgo. Ya no era por las caídas o los resbalones, sino por toparse a un grupo armado agazapado tras una colina o esperando la llamada en algún camino vecinal.
Antes las recomendaciones eran consultar las condiciones del clima, llevar agua, protector solar, nueces y chocolates, una cámara de repuesto, casco, herramientas; ahora, es jugársela para cruzar la ciudad al punto de encuentro, consultar los canales de WhatsApp para conocer donde hubo movimiento de tropas –del gobierno y del desgobierno.
No es nuevo que estas tierras tuvieran desde hace muchos años zonas vedadas, sitios en los cuales era necesario un aviso previo para acceder o para cruzarlos. Nos habituamos a eso. Una patente de corso que los grupos delictivos de cada región se otorgaron a sí mismos para hacer o deshacer como les viniera en gana en el territorio que piensan de su propiedad.
Quienes cuentan muchos años en el ciclismo y el senderismo saben de sobra dónde meterse y dónde no, a quién avisar en cada lugar. Ahora, con los territorios en disputa eso no queda claro. De ahí que los grupos de senderistas y ciclistas han tenido que restringir las salidas, vetar muchos sitios porque sería un suicidio entrar. Esperar los reacomodos.
Casi por cumplirse un año de la pugna muchos van regresando a rodar y trepar. Poco a poco unos cuantos –ya no llega a cientos como antes de la guerra– se atreven y suben aquí y ruedan por allá. Sabiendo que la prudencia marca que no pueden hacer ningún atrevimiento, hay zonas absolutamente vedadas porque siguen en disputa.
Margen de error
(Perspectiva) Las ciudades, como los grandes sucesos históricos, se ven mejor desde sus márgenes. La distancia siempre ayuda a acomodar la mirada, nada es lo mismo con perspectiva. Al rodar y trepar es posible alejarse ajustando la mirada para encontrar la perspectiva. Se descubre otra ciudad. No se trata de la contemplación de paisajes ni de los retos de la distancia, sino de colocar la mirada de afuera hacia dentro.
Desde la cúspide es posible ver a Culiacán por entero. Es más arriba de la zona conocida como El Mirador, y desde ahí se alcanza el lago de La Primavera con sus vecinos de Villa Bonita. Si el norte fuera el sur.
Culiacán Rosales real estate
En una caminata por este cerro o aquel van apareciendo los bidones en el monte para la elaboración de drogas sintéticas, tostados por el sol, lo que queda de campamentos improvisados detrás de un montículo de piedras o debajo de la mala sombra de algún tabachín. Por una vereda, en medio de la nada, un pequeño monumento a la Santa Muerte y otro gigante en el cruce de caminos.
En los bajos de El Bichi está Los Vasitos, donde el famoso Chalino Sánchez les apunta a los mirones con su pistola desde la tumba, en un mural colorido.
Primera cita
(Clausurado) El domingo pasado algunos grupos se aventuraron a rodar de Culiacán a Sanalona por la ruta de Imala. La carretera como ciclovía, literalmente en 30 kilómetros no aparece un solo automóvil. La felicidad absoluta de cualquier ciclista, la desgracia completa para un pueblo como Imala que en domingo tenía un desfile de coches para un desayuno campirano.
Culiacán Rosales real estate
Los caseríos convertidos en pueblos fantasmas. Algunas vacas desperdigadas, un motociclista con una podadora de maleza, un burro perdido trotando en sentido contrario, tres o cuatro elementos de la Guardia Nacional custodian una barricada de llantas. Soledad casi completa. Si no fuera porque se conocen las causas todo sería disfrutar el carísimo privilegio del silencio.